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LAS
MIXTURERAS
En el
siglo pasado era tradicional encontrar a esclavas negras
o criadas mulatas llevando sobre sus cabezas grandes
azafates repletos de flores o mixtura fina, así
como peritos y manzanitas: eran las mixtureras que integraban
el cortejo procesional. Iban ataviadas muy elegantemente,
con vistosos mantones de Manila, relucientes anillos,
prendedores y aretes.
Algunas
fuentes se adornaban con clavos de olor o con flores
elaboradas de canela. No faltaban azafates que contenían,
además, grandes membrillos colocados artísticamente.
Banderitas de seda, ninfas, ángeles y santos
ponían el toque final. Además pacientes
monjitas elaboraban pastillas de azúcar y canela,
envueltas con papel picado de colores, que se disponían
en forma circular. Había que ser un artista para
decorar la fuente de la manera más vistosa. Una
vez lista, tenía que ser previamente sahumada.
Al final del recorrido la mixtura era repartida entre
los acompañantes de la procesión, que
eran premiadas con este florido recuerdo.
Hoy en
día ya no hay mixtureras. En cambio, reciben
el nombre de mixtureros los hermanos que tienen el privilegio
de pisar las andas del Cristo Morado de Pachacamilla
para cambiar los arreglos florales o los cirios consumidos,
encendiendo uno nuevo en su lugar. Ellos también
obsequian flores a los fieles devotos durante el recorrido
y al término de la procesión.
Fuente:
Municipalidad de Lima
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