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LOS
VELEROS
En
tiempos coloniales, la única forma de alumbrarse
en la ciudad era el fuego. A partir de 1592, unos pequeños
candiles de grasa o manteca fueron amarrados a unos
clavos de fierro y colocados en las esquinas. El uso
doméstico de velas era indispensable.
Los veleros
portaban una característica vara larga, a la
que anudaban por racimos velas de diversos tamaños.
Con esta armazón sobre sus hombres paseaban por
las calles pregonando de cuando en cuando.
Durante
las procesiones, los feligreses acostumbraban llevar
cirios labrados artísticamente, de mayor valor
que los de uso cotidiano, para demostrar así
su devoción. Esta costumbre se difundió
con fuerza en la procesión del Señor de
los Milagros, que siempre fue la de mayor arraigo popular.
Los devotos, después de acompañar al Cristo
con ornamentados cirios encendidos, los dejaban como
ofrenda en el templo de las Nazarenas.
En la
actualidad, los cirios labrados que se ofrendan son
colocados en las andas del Señor. Generalmente
miden unos 65 centímetros de altura y son elaborados
por los veleros, artesanos especializados en la cerería.
En la actualidad no sólo fabrican velas y cirios,
sino que también se encargan de venderlos en
los alrededores del santuario.
Durante
el mes de octubre producen cirios de color morado, medianos
y grandes de hasta treinta kilos, que gozan de gran
demanda. Estos pueden medir más de 2 metros y
son de lenta elaboración (ocho cirios en una
semana, aproximadamente).
Fuente:
Municipalidad de Lima
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