DE LOS JUEGOS SE APRENDE A EXISTIR...

Hace más de 15 años, Carlos tenía dos juegos recurrentes: el primero era el monopolio, porque parecía sentir que ganando, podía comerse al mundo. El otro: Ser locutor. Carlos ya no tiene 11 años ni está jugando ahora que el destino lo ha llevado a las cabinas.

Atrás quedaron los tiempos en los que fue fabricando a la persona que es ahora, la misma que confiesa su lado sensible aunque su imagen no le ayude. “Tengo un ego muy alto, me quiero mucho” suele ser una frase grabada en su memoria que suena a excusa cuando vuela hablando de sus proyectos y planes ante la mirada rara de la gente.

Si hurgáramos en su pasado, encontraríamos a un personaje considerado a si mismo “el patito feo” del salón gracias a las burlas de sus amigos y veríamos el final de ello, el día que logró conquistar a la niña más linda del colegio.

Su ego comenzó a crecer y junto a él, su admiración por la belleza de las mujeres, según el mismo confiesa “podría hacer de todo por conseguir la sonrisa de una mujer”.Uno de sus personajes favoritos es Elliot Ness, “pero solo su imagen”, aclara. Aquella envestidura, imagen y presencia es la que Carlos rescató para él.

Ha dejado caer sobre si mismo, la influencia de Enrique Bunbury, al momento de escribir, que es cuando le sirve su excesiva insistencia de sacarle la raíz cuadrada a todo, buscar el trasfondo, pero asegura hacerle daño para vivir como ente social.

Carlos Huamán Chávez ha dejado el caparazón en el ropero, pero la garra afilada sigue guardada en algún bolsillo de su negro gabán. ¿Qué lado es el que dejará ver? Corren las apuestas...

Valeria Moscoso

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