ROJA
SOBRIEDAD
Por: Valeria Moscoso
No
recuerdo nada. Desde hace varias noches veo fantasmas,
escucho gritos. No veo a nadie mas, solo fantasmas
que me hablan. Hace unas noches, uno de ellos
me contó una historia que me asustó.
Era un cuento que alguien le había contado
hacía unos días.
Se sentó a mi lado, me tomó la mano
y empezó su historia mientras yo lo escuchaba
con atención:
"Pola
había prometido no hacerlo nunca mas, pero
había fallado tantas veces, además...¿Quien
creería en su palabra?. Ella no era como
los demás, si renunciaba a esto, debería
resignarse a estar sola, pues ¿Quien se
atrevería a quedarse solo con ella e intentar
salir ileso si de pronto decidía romper
su promesa y su cuerpo le exigía el vicio
que le había dado por tanto tiempo?. Por
mas que no lo supieran, ella sentía que
leían su mente.
Todo había empezado muy rápido y
sin darse cuenta. Desde muy pequeña había
escuchado historias sobre el que, años
después, sería su condena. Con el
paso del tiempo pudo saber que no todo lo que
se dice, es verdad.
Recordaba a la ultima persona que pagó
las consecuencias de su promesa rota. Ruth había
sido su amiga durante muchos años, pero
ella nunca supo la verdad. En realidad, sí
la supo, pero al final. Con ella intentaba vivir
como una persona normal, con los gustos de la
personas normales, con el autocontrol de las personas
normales para evitar hacer cosas que no están
dentro del limite de lo "normal". Pero,
repito... Pola no lo era aunque quería
vivir como si lo fuera.
Las noches de sábado empezaban bien, entre
las luces de una discoteca, entre los inmensos
grupos de gente que la miraban como si fuera diferente.
Y lo era pero ellos no debían saberlo.
Sentía que podían penetrar en su
mente y saber lo que quería en realidad.
Ruth nunca preguntó nada. Podría
asegurar que nunca lo sospechó. Pola bebía
como una persona normal, se reía a carcajadas,
bailaba hasta el amanecer, siempre con los ojos
cerrados y si era sola, mejor. Su ropa contrastaba
con los psicodélicos colores que inundaban
el lugar, contrastaba hasta con la ropa de Ruth,
pero ella siempre le decía:" Cada
uno es lo que quiere ser". A ella no le importaba
que la ropa oscura de Pola contrastara con la
"alegría" que se vivía
en sus fiestas.
Siempre regresaba sola a su casa, sudando alcohol
por cada poro de su cuerpo, como si fuera una
herida abierta. No quería que nadie se
diera cuenta de que tenía el vicio mas
repugnante de todos. Nada importaba cuando tenía
alcohol corriendo por su sangre, nada era verdad,
todo era una alucinación, como un mal sueño
del que nadie la despertaría. Lo tendría
que hacer ella sola.
Una noche, se cumplían dos semanas de abstinencia.
Los días habían sido una pesadilla,
esta vez, y sin alcohol, era consciente de que
rompería su promesa, no importaba a quien
se llevara por delante. Esa noche bebería.
Al diablo con la insoportable sobriedad.
El timbre sonó como ya era costumbre cada
noche del fin de semana. Apenas vio a Ruth le
dijo que esa noche bebería hasta morir.
Ella solo sonrío. Lo que Pola quería
decir, en realidad, era " esta noche beberé
para no morir".
Y bailó. Bailó con los ojos abiertos
para no perderse nada. No se vistió de
negro. Lo hizo con muchos colores pues celebraría
que esa noche volvería a ser la persona
que dejó durante dos semanas, castigada
y encerrada en el ultimo rincón de la casa.
Los vasos de vodka iban y venían sobre
la mesa. Como una herida sangrante, el alcohol
empezó a salir por su piel en forma de
sudor. Estaba cansada de bailar, de tanto vodka...
y de esperar.
"Me quiero ir", le dijo a Ruth. Ella
solo la miró y siguió bailando.
Ya estaba acostumbrada a que se vaya sola. "Tienes
que llevarme, no puedo ni caminar", le susurró
en el oído como suplicando. Salieron de
la discoteca, subieron al carro y en la puerta
de su casa , Ruth se despidió. "Llévame
hasta mi cuarto, no puedo subir las escaleras"
pidió Pola mientras le rezaba a su dios-
si lo tenía- que ella accediera.
La dejó sobre la cama y se dio media vuelta.
Sus amigos la esperaban en la discoteca. Pola
sabía que Ruth no regresaría. "Siéntate"
ordenó. "No tengo tiempo", le
dijo ella molesta.
"Debo decirte algo". Ruth se sentó
a su costado resignada a escuchar alguna confesión
de chica ebria. "Soy una vampira", le
dijo y recibió como respuesta una sonora
carcajada. Nunca había dicho algo tan serio
en su vida. "¿Vampira?, le preguntó
Ruth cuando dejó de reírse y empezaba
a palidecer.
Ya no importaba que ella lo supiera pues no se
lo contaría a nadie. No por amistad, sino
porque los muertos no hablan.
En ese momento su mente empezó a imaginarse
sangre por todo el dormitorio a la vez que el
cable del teléfono era una gran yugular
y saltó encima de ella. Ruth corrió
cuanto pudo entre las cuatro paredes del cuarto
como quien quiere escapar de un laberinto. Iba
rompiendo todo a su paso. Pola no podía
dejarla escapar, pero al perseguirla, el cable
del teléfono se enredó en su pie
y cayó. Ruth aprovechó para salir
del cuarto y presa de la desesperación
pisó mal uno de los escalones. Llegó
al final de las escaleras desmayada por el golpe
que se había dado en la cabeza. Fue todo
tan fácil...
Pola despertó feliz y muy temprano. No
recordaba exactamente porque, solo se sentía
feliz y liberada. No entendía porqué
su habitación lucía como si hubiera
pasado un tornado por ahí. Afuera aparecían
los primeros rayos de sol. Es mentira aquello
que dicen de que los vampiros se derriten ante
la luz. Quiso salir y celebrar que se sentía
liberada. Quiso llamar a Ruth pero el cable del
teléfono estaba arrancado. Se asustó.
Salió del cuarto y al bajar las escaleras,
ella estaba ahí.
Inerte, pálida . Sin sangre. Todo empezó
a dar vueltas y su mente le devolvió los
recuerdos perdidos por unas horas. Se los devolvió
con gritos, con golpes, con carcajadas, sus carcajadas.
Se sentó en las escaleras y lloró.
Estaba arrepentida. Arrepentida de no haber escogido
otra víctima.
Levantó su cuerpo y lo enterró en
su jardín. ¿Por qué tuvo
que ser ella?. Arrodillada a manera de pedirle
perdón por lo que había hecho, le
dio las explicaciones que Ruth no tuvo tiempo
de escuchar y le contó su corta historia...
Es conocido que el vampirismo tiene cuatro fases
y la primera es una por la cual pasamos todos.
Beber esas pequeñas gotitas de sangre que
aparecen cuando nos herimos por casualidad. Aun
así, ella no era vampira por eso. Empezó
a serlo cuando llegó a la segunda fase:
cortarse intencionalmente y disfrutar bebiendo
su propia sangre. La tercera fase nunca la cruzó
pues tenía mucho temor a la reacción
de la gente si ellos sangraban por accidente y
Pola les pedía beber su sangre. Solo le
quedó pasar a la cuarta fase: herir intencionalmente
a alguien y tener la seguridad de que no la delataría.
Ya lo dije: los muertos no hablan...
Cuando atacó a su primera víctima,
el recuerdo nunca regresó a ella. Solo
recordaba haber visto su cuerpo seco en su habitación.
Nunca recordó como pasó, pero ver
a sus víctimas la hacía prometerse
a sí misma que nunca lo volvería
a hacer. Pola nunca conoció a quienes le
brindaron su sangre sin saberlo ni quererlo. Solo
ella. Su única amiga y le hizo lo que no
se merecía.
Días después, la policía
ingresó a la fuerza a la casa de Pola,
pues habían sido informados por los vecinos
de haber escuchado gritos, además del extraño
comportamiento de su vecina. Pola no puso resistencia
pues ella confesó ser una vampira, haber
matado a 12 personas y haberlas enterrado en su
jardín. Solo se le vio salir de su casa
custodiada por dos policías. Su mirada
reflejaba satisfacción por haber hecho
lo que sentía, lo que su cuerpo le pedía,
pero al mismo tiempo, reflejaba inconformidad
con la vida pues si ella hubiera podido escoger,
nunca hubiera elegido ser la vampira que siempre
rompió su promesa de mantenerse sobria".
El
fantasma terminó así su cuento.
Debo confesar que la historia se quedó
dando vueltas en mi cabeza y desde esa noche todo
cambió.
Antes de irse, el fantasma me abrigó con
una gruesa frazada y antes de cerrar la puerta
susurró algo que no llegué a entender.
Luego se fue.
Ahora siento que mi habitación luce diferente,
las cuatro paredes parecen esperar el momento
para aplastarme y dejarme morir así como
murió Ruth.
Desde esa noche veo mas fantasmas, personas vestidas
de blanco que me dan de comer en la boca como
si yo no tuviera manos. Y es que una fuerza extraña
me ha atado los brazos y colocado en la espalda.
Escucho gritos que solo cesan cuando creo que
es de noche. No veo a nadie mas, solo a los fantasmas
que dejan ver su rostro y hasta me hablan con
una mezcla de ternura y miedo.
No volví a ver el sol y desaparecieron
los colores de la paredes. Ahora son blancas.
Las ventanas desaparecieron también . Ya
empecé a recordar. El fantasma que me contó
la historia me dijo antes de irse: " Duerme
bien, Pola". Otro fantasma me dice que si
me porto bien, me llevará a ver el jardín.
Yo no quiero, ahí están los cuerpos
de todos, a diez metros abajo. Tal vez me quiere
castigar con eso, porque sabe que sentiré
que la culpa me carcome por no haber podido controlar
el vicio y por haber nacido vampira.
No quiero ir al jardín nunca, por eso es
que grito como una loca y golpeo la pared, pero
ésta se vuelve blanda. Es ahí cuando
aparecen varios fantasmas y me atan los brazos
dejándome inmovilizada.
Solo quiero ver el sol, desde aquí no se
si es de día o de noche, pero hoy lo sabré.
Ya no me importa romper mi promesa una vez mas,
esta noche tengo sed, y saldré de esta
casa que me aprisiona sin saber porqué,
mientras dure el silencio de esta noche ningún
fantasma me detendrá... esta noche saldré
a cazar...
FIN
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