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Pese al poco
tiempo libre que tiene, eso debido a sus numerosos compromisos de índole
artístico en territorio peruano y en el extranjero, la pareja
conformada por Rossy War y Tito Mauri se las ingenian para pasar el
mayor tiempo posible con lo que consideran sus dos tesoros: Tony
Alberto (13 años) y Katya Liz (6), frutos de ese amor que ya tiene
más de 14 años, tiempo que llevan de unión ante la ley y Dios.
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Tony, el hijo mayor de la familia Mauri Guerra, siente una especial
atracción por el instrumento que domina su progenitor, es decir la
guitarra; mientras que la inquieta Katya ya hizo su debut en el
canto cuando, en diciembre del año pasado, participó haciendo
coros a su popular mamá en el tema "Cantemos Navidad".
Nos detenemos en este punto para resaltar lo que no es otra cosa que
una interesante coincidencia: Katya Liz tiene seis añitos y Rossy
War debutó, acompañada de su padre, a la corta edad de cinco años
en su natal Puerto Maldonado.
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Los colores preferidos de la intérprete de éxitos como "Nunca
pensé llorar", "Que te perdone Dios", "No lo
vuelvas a querer", entre otros conocidos temas, son,
principalmente el negro, pero también el dorado y el plateado, que,
dicho sea de paso, son los colores que identifican cada uno de las
prendas que usa para sus presentaciones en vivo y en los diversos
programas de la televisión peruana a los es invitada.
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Entre sus platos preferidos se encuentran los tallarines en salsa
roja y, como buena hija de la selva peruana, no puede resistir
platos como el tacacho con cecina, el juane, maduro frito, la
ensalada de chonta, además de la palometa y el bagre frito. Pero si
de refrescarse se trata, dice Rossy War, no hay nada mejor que un
enorme vaso de aguajina, el mismo que se hace a base de una fruta
propia de la amazonía llamada Aguaje. Ahora, si se trata de hacer
un brindis su gusto se inclina por la algarrobina, pero solo como cóctel
ya que, en lo posible, evita las bebidas alcohólicas.
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No cree en cábalas, porque dice que traen mala suerte. Lo primero
para ella son sus hijos y su esposo, así como su familia y su
numeroso y fiel público, los mismos que la llevaron a convertirse
en el fenómeno musical de las últimas décadas y son las bases
sobre las que descansan cada uno de los logros alcanzados por Rossy
War. Su más grande defecto, si es que puede llamarse así, es ser
un poco dormilona.
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Si bien ya conoce los escenarios de países como Chile, Bolivia,
Ecuador, Venezuela, Colombia, Estados Unidos y parte de Europa, en más
de una oportunidad se confesó entre sus amistades que, por nada del
mundo, dejaría su Perú -y sobre todo la posibilidad de tener a su
selva cerca- para irse a vivir en el extranjero.
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Hay dos cosas que Rossy War no soporta. La traición sentimental y
la mentira en personas a las que considera sus amigos. "He
entregado tanto a varias personas y tan mal me han pagado algunas de
ellas a las que veía y sentía como amigos, que me he vuelto un
poco desconfiada y sobre todo cauta a la hora de elegir a mis
amistades", asegura Rossy War.
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Aunque muchos
no crean, entre dos, tres y hasta cuatro veces a la semana responde
cada uno de los e-mails que le envían cientos de personas desde
diferentes partes del Perú y del mundo, siendo las más frecuentes
las provenientes de ciudades de Estados Unidos, Italia, España, Japón,
Colombia y Venezuela.
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