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Cómo enfrentar el duelo en los niños
Los preescolares experimentan la pérdida de un ser querido de manera totalmente diferente a los adultos, en general estos utilizan la negación como mecanismo de defensa. Es por este hecho que a pesar del momento tan difícil que la familia está atravesando, conservan su capacidad para disfrutar la vida.
En los niños de entre 3 y 6 años la noción de desaparición irreversible, que está implícita en la muerte, no puede ser aprehendida, ya que su psiquismo no les permite manejar las categorías de ausencia-presencia y transitorio-definitivo.
"Creen que la muerte es reversible y provisional, incluso que el muerto siente y piensa. Es por ello que a esta edad se pueden referir a la persona fallecida en tiempo presente", explica la psicóloga de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, Anneliese Dörr.
Debido a lo anterior, es fundamental que los adultos a cargo de los menores les brinden sostén y respeten sus defensas que son necesarias para que puedan procesar las pérdidas, sin exigirles, por lo tanto, que hagan un duelo similar al de los adultos.
"Si el niño no llora o no habla de la persona fallecida con pena o si juega a morir y resucitar, no quiere decir que esté viviendo patológicamente el duelo, se trata más bien de que quiere seguir siendo niño y que no está psíquicamente capacitado para aprehender el difícil y misterioso fenómeno de la muerte", apunta.
Con el paso del tiempo, resalta Anneliese Dörr, se irá preparando lentamente para hacer el trabajo de duelo, lo que suele acontecer recién en la adolescencia.
En la etapa escolar surgirá el pensamiento lógico, que le permitirá entender con claridad la diferencia entre apariencia y realidad. Aún así no tendrá la capacidad de pensamiento abstracto, por lo que seguirá usando, aunque en menor medida, el mecanismo de la negación.
Cuando el niño se hace adolescente es capaz de pensar en un nivel más alto, pudiendo analizar filosofía y construir teorías. Asimismo, se da cuenta que existen cosas que no tienen una respuesta definida.
"En esta etapa el niño abandona el mecanismo de la negación y comienza a buscar a la persona que había perdido en la niñez, ya sea a través de fotos, preguntas o relatos de los demás. Se inicia entonces su trabajo de duelo", apunta la académica.
Cuando la pérdida ocurre en la adolescencia a veces el proceso puede verse complicado ante la muerte de uno de los padres, ya que este período coincide con una etapa de la vida en que quieren emanciparse de sus progenitores, lo que los lleva a vivir la pérdida con mucha culpa.
En algunos casos los jóvenes piensan que en estas circunstancias deben comportarse como 'adultos', por lo que se concentran en sostener y apoyar al resto, sin permitirse el desahogo, lo que posterga su propio trabajo de duelo.
Por ello, agrega, el adulto siempre debe respetar los tiempos de los niños de acuerdo a las etapas que están viviendo, brindándoles compañía, seguridad y protección, sobre todo porque en la infancia a lo que realmente temen es al abandono y no así a la muerte.
Proceso de duelo El duelo es un afecto normal que se presenta en los seres humanos como reacción frente a la pérdida de una persona amada. Las conductas más comunes que presenta la persona son: trastornos del sueño, ingesta desordenada de alimentos, distracción, aislamiento social, evitación de los recuerdos, suspiros, hiperactividad, sueños con la persona fallecida, llanto, visita a lugares significativos y atesoramiento de objetos relacionados con el desaparecido.
La duración de un duelo normal es de entre 6 meses y un año, hasta que la persona recupera el ánimo productivo. "Cuando se completa el trabajo de duelo la persona perdida no es olvidada, sino integrada como un recuerdo positivo que muchas veces proporciona fuerza interior para enfrentar los nuevos desafíos que trae la vida", explica.
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