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Nueces contra el riesgo cardiovascular
Un estudio realizado por la Universidad de Navarra, publicado en Journal of the American Dietetic, asegura que promover la dieta mediterránea con frutos secos, en especial nueces, puede mejorar la alimentación de una persona sin enfermedades cardiovasculares pero con riesgo de padecerlas.
El trabajo se enmarca en el ensayo multicéntrico PREDIMED, que investiga los efectos positivos de la dieta mediterránea en la prevención de enfermedades del corazón. Los investigadores contaron con la participación de 1551 hombres y mujeres, de entre 55 y 80 años, divididos en tres grupos.
El primero siguió una dieta suplementada con frutos secos, básicamente, nueces, el segundo siguió una dieta suplementada con aceite de oliva, y el tercero una dieta de control baja en grasas. Además, a los participantes de los dos primeros grupos se les ofreció una formación nutricional individual y se les realizó entrevistas de seguimiento, mientras que al tercer grupo se les dio únicamente un folleto con consejos.
Así, tras un año de interactuar con los voluntarios y motivarles, el estudio concluyó que quienes ingerían unas cuantas nueces al día reducían el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares en casi un 20 por ciento. Además, el estudio apunta que este porcentaje podría ser mayor si se sustituyeran los alimentos ricos en grasas saturadas (como la mantequilla, los lácteos enteros, los embutidos o los productos de bollería) por frutos secos.
Y es que las nueces reducen las concentraciones de moléculas de adhesión que son dañinas para las arterias y se asocian con el desarrollo de arteriosclerosis (un endurecimiento de las arterias producido por el envejecimiento y acelerado por factores como el aumento de colesterol).
Además, los ácidos Omega 3 (que el cuerpo humano es incapaz de producir), los antioxidantes, el potasio, el magnesio y la multitud de compuestos fotoquímicos que aportan ayudan a reducir el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer y otras enfermedades crónicas.
Por otro lado, los del grupo uno y dos que recibieron más información sobre los buenos hábitos alimentarios consiguieron interiorizar más que el grupo tres la importancia de comer sano y de seguir la dieta mediterránea. Y es que, al parecer, cuanto más conocemos los secretos de una dieta saludable más nos preocupamos por mejorar los malos hábitos de la nuestra.
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